Paula Soler Tomé: “La Psicología te permite acompañar a las personas para mejorar su calidad de vida”

Alumna del grado en Psicología

Paula Soler está a punto de terminar el último curso del grado en Psicología. En cuanto hablas con ella te das cuenta de que ha nacido para esto, a pesar de que reconoce que no fue su primera elección.

Su vida es un torbellino, casi no tiene tiempo para ella misma, pero se nota que es una persona feliz con lo que hace. Se considera una mujer atenta, trabajadora y perfeccionista y asegura que le gustaría pasar por este mundo como alguien que aporta, divertida, y que está al lado de las personas en sus momentos importantes, “ya sean buenos o malos, pero que está ahí”. Apenas tiene tiempo para aficiones, pero sí recuerda con cariño los veranos en la playa con su abuela.

Yo añadiría que está volcada en ayudar a otras personas, y es una mujer fuerte, valiente y con determinación. Es miembro de Alpha Sigma Nu, la sociedad de las universidades jesuitas que distingue a estudiantes que han destacado por su excelencia académica, su compromiso con los demás y su vocación de servicio.

¿Por qué decidiste estudiar esta carrera?
Mi primera decisión no fue Psicología, sino ADE y Derecho. Me decidí porque había sacado muy buenas notas en esa rama, pero enseguida me di cuenta de que no era lo mío, que mis habilidades no iban en ese sentido... y yo no me sentía feliz. Repensé un poco a qué me quería dedicar y me pareció que el grado en Psicología podía ser una buena opción, porque me gusta acompañar a las personas, y que hacerlo de una forma profesional me podría hacer feliz. Y esta vez no me equivoqué...

¿Qué es para ti la Psicología?
Mi concepto de la Psicología ha cambiado mucho desde que decidí estudiarla hasta este año. Cuando empecé, yo tenía la imagen de una psicóloga con una bata blanca... pero hoy en día me he dado cuenta de que no tiene nada que ver. Por resumirlo mucho, es una ciencia cuyo objetivo es mejorar la calidad de vida de las personas. Y tiene muchísimos ámbitos de aplicación, porque se trata de estudiar la conducta de las personas... Es verdad que es una ciencia joven, pero precisamente por eso, también te permite un gran entusiasmo por aportar a la ciencia.

¿Hacia dónde enfocas tu carrera profesional? ¿En qué te gustaría trabajar dentro de tres años?
Voy a enfocarme hacia Psicología Clínica, pero no es solo esa bata banca. La psicología clínica abarca casi todo, se necesitan habilidades clínicas para la mayoría de trabajos relacionados con la psicología. Para empezar no me planteo tener una consulta privada, lo que me gusta es el acompañamiento a familias, adolescentes, la educación...y me gustaría trabajar en alguna de las instituciones en las que he hecho prácticas, como la Fundación Mornese o Proyecto Hombre... ahí he aprendido mucho y me he dado cuenta de que me gustaría seguir en ese camino. Dentro de unos años sí me gustaría emprender algo desde cero, cuando tenga más experiencia y más formación.

¿Qué es lo que más te gusta de la carrera?
Lo que más me ha gustado de Psicología es que he aprendido a no tener prejuicios, a abrir mi mente, a ser una persona más empática. Cuanto más conozco, menos prejuicios tengo, cuanto más ahondo en esta ciencia, más me gusta la psicología. Me gusta ayudar a las personas, y hacerlo de una forma profesional es lo que más me llena, porque no todo vale, hay que saber cómo puedes hacerlo en cada caso. Todo el mundo merece una oportunidad y creo que desde la Psicología se puede ayudar mucho en este sentido, acompañando a las personas en los momentos difíciles y ayudarles a superarlos, pero sobre todo a enseñarles estrategias para que ellos sepan afrontar esa situación o situaciones similares el día de mañana.

¿Qué crees que es importante para ser una buena profesional de tu ámbito?
Sin duda la empatía y la flexibilidad. Y eso pasa por una continua formación, no quedarse parada, seguir aprendiendo siempre. Además, una buena psicóloga debe saber escuchar.

Has estado de intercambio académico en Chile, ¿qué te ha aportado la experiencia?
Estuve en la Universidad Alberto Hurtado, de Santiago de Chile y la verdad es que ha sido una experiencia increíble. Solo el lugar en el que está situada la universidad, entre el Palacio de La Moneda y la Alameda, ya te hace pensar...
La verdad es que el intercambio me ha permitido conocer otra perspectiva diferente de la Psicología... por ejemplo, allí se estudia mucho el psicoanálisis, la metodología es diferente... Personalmente, también ha sido un crecimiento, por todo lo que he vivido y las personas a las que he conocido. La gente allí es muy acogedora y me he sentido muy bien. Recomendaría sin duda la experiencia.

¿Por qué Chile?
Latinoamérica siempre me ha llamado la atención porque creo que son culturas muy parecidas, pero tienen al mismo tiempo cosas muy enriquecedoras y te aporta visiones diferentes de la vida, de la profesión, de las personas...

También has estado en Perú...
Sí, estuve con un proyecto de los jesuitas, “Creciendo juntos”, dentro de la pastoral universitaria y que consiste en realizar campamentos infantiles para niñas y niños que trabajan. Ha sido todo un regalo de experiencia. Estuve seis semanas en verano, pero el proyecto es anual, y el trabajo previo es también muy importante. Durante todo el año tenemos varios fines de semana de formación y se realizan muchas actividades en toda España para recaudar fondos para los campamentos. Sin la generosidad de las personas de aquí seria imposible el trabajo allí. Esto es todo trabajo en equipo, o cadena de favores, como prefieras llamarlo.

¿Recomendarías la experiencia?
Sí, claro... creo que es algo muy enriquecedor, pero no lo recomendaría como primera experiencia de voluntariado, recomendaría empezar a trabajar primero en España. Tanto porque ellos puedan aprovechar mejor, como porque sea fructífero para quienes reciben este proyecto. “Creciendo juntos”, por ejemplo, no es llegar y pasarlo bien allí en los campamentos. Primero pasamos una semana en Lima, una semana en la que se trabaja la sensibilización, el conocer más el país, las necesidades, etc. Después nos dividimos en los diferentes puntos en los que se celebrarán los campamentos. Y qué mejor forma de terminar que con los Ejercicios Espirituales, el mejor regalo que nos dejó San ignacio. En estos ejercicios hacemos oración sobre lo vivido estas semanas, que no es poco, pero sobre todo, qué queremos hacer en nuestro día a día con todo eso regalado y vivido.

¿Vas a repetir?
Sí, vuelvo el próximo verano. Aun no me había ido de Perú y sabía que el próximo verano quería volver a disfrutar por esas tierras y con esas personas.

¿Qué otras cosas te interesan en la universidad?
Tengo muchos intereses además de los estudios. Por un lado, me interesa el tema de pastoral. Colaboro desde mi etapa en el colegio Portaceli, y ahora continúo como monitora porque me parece importante estar ahí, igual que cuando yo lo necesité encontré personas dispuestas a ello. Creo que es bueno seguir un poco la filosofía de “dar gratis lo que gratis recibiste”. Y es que el mundo se construye entre todos y es otra forma de aportar a la sociedad y al proyecto que Dios sueña para nuestro (SU) mundo. Además, este tipo de actividades me da la oportunidad de conocer a otras personas, sus formas diferentes de vivir, y cuanto más conozco más crezco y más disfruto.
También participo en las actividades del SED (Servicio de Evangelización y Diálogo) de Loyola. Creo que es una suerte que tengamos este servicio que se encargue de fomentar valores, de hablar de temas que a veces, con las prisas de lo cotidiano, se olvidan un poco, como las personas refugiadas, inmigrantes, el agradecimiento, etc. El SED es una especie de balón de oxígeno que nos hacen parar y tener conciencia de otras realidades diferentes a las nuestras. Para mí es todo un regalo contar con un departamento así en la universidad.
En estas actividades me he dado cuenta de que las cosas grandes nacen de las cosas pequeñas. Uno de los mayores ejemplos para mí es Ignacio de Loyola, quien fundó la Compañía desde lo pequeño, con un pequeño gran sueño, con un grupo de compañeros, y que también se conocieron y actuaron en la universidad. Y de ahí al mundo.
También soy alumna interna del departamento de Psicología, y apoyo en la investigación que se realiza en este campo. Esto me ha servido para conocer la parte investigadora de la Psicología, y ahora sé que es una de las más importantes porque permite evolucionar a esta joven ciencia y es absolutamente necesaria para demostrar que nuestras intervenciones están basadas en la evidencia.
Además, soy miembro de Alpha Sigma Nu, a través de la cual organizamos y ayudamos en actividades de sensibilización y voluntariado.

¿Qué más destacarías de tu paso por la universidad?
He intentado en todo momento dar lo mejor de mí misma y buscar la excelencia profesional y personal, que no es lo mismo que la excelencia académica... no hay que sacar un 10 para ser excelente profesionalmente. También me considero muy afortunada por la gente que he conocido en la universidad, personas con ganas de hacer bien las cosas.

¿Cómo ha sido tu experiencia haciendo prácticas en la Fundación Mornese y en Proyecto Hombre?
En Proyecto Hombre estuve colaborando en el Programa Proyecto Joven, que trabaja con jóvenes de 14 a 21 años con problemas de conducta que en la mayoría de los casos desemboca en consumo de sustancias. Me pareció muy interesante porque trabajaban no solo con los jóvenes, sino también con las familias en paralelo. Así aprendí que los problemas que puede tener una persona muchas veces son fruto de otra cosa y que es importante acompañar también a las familias, no solo a la persona implicada.
La Fundación Mornese trabaja con los barrios más desfavorecidos de Sevilla. De los 15 barrios más desfavorecidos de España, 7 de ellos están en Sevilla, muy cerca de donde se sitúa la fundación, por lo que atienden a gran parte de la población que vive allí. He podido ver cómo la gente se esfuerza por dar lo mejor e intentar que los niños salgan adelante... la psicóloga con la que yo colaboraba acompañaba no solo al niño, sino que sobre todo acompaña a la familia en su conjunto. Ayudaba a que el niño o la niña mejorase en el problema que tuviera, pero se trataba de psicoeducación, de dar pautas educativas a la familia entera, más que simplemente de tratar el problema principal por el que el niño iba allí.
Yo elegí las prácticas porque era lo que me atraía, pero me han servido para terminar de darme cuenta de que es lo que realmente quiero hacer en la vida.

¿Qué le dirías a tu yo de 17 años después de saber lo que ahora sabes?
Después de cuatro años en la universidad creo que lo que le recomendaría a mi yo de 17 años y a cualquier persona que vaya a empezar ahora es que se implique, que no solo pase por aquí... la universidad es una experiencia de vida y es importante sacarle partido... Le diría que aprovechara todas las oportunidades que ofrece la universidad, no solo las clases, sino las visitas, las salidas a centros, las masterclass... que aproveche las prácticas, que se implique bien en las cosas, que no solo pase por la universidad. Sí, lo resumiría en implicarse y aprovechar lo que se ofrece.

Algo que quieras añadir...
Cerraría estos cuatro años agradecida, la verdad... y con ganas de seguir formándome y devolver todo lo que he aprendido aquí, devolverlo a la sociedad el día que me toque. E intentar hacer lo mejor posible lo que me toque hacer en la vida.

Narci Gómez Jarava

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