La Universidad Loyola celebra un año más la Jornada de Cultura Vocacional dentro de la Semana Ignaciana 2026

11/03/2026

En el marco de la Semana Ignaciana de la Universidad Loyola, la Universidad celebra su jornada de Cultura Vocacional para celebrar cómo concebimos la universidad desde el punto de vista ignaciano.

Un día para recordar aprehender la realidad tal como es, cuestionar las decisiones que uno va tomando, tanto a nivel profesional como personal, para favorecer la inclusión, el bien común y la sostenibilidad del planeta. Para encontrar tu resonancia con el mundo, a través de la propia vocación profesional y propósito vital.

Una jornada con el fin de fomentar la reflexión, el discernimiento y el desarrollo integral de los estudiantes en relación con sus vocaciones personales y profesionales.

JORNADA DE CULTURA VOCACIONAL

La Jornada de Cultura Vocacional ha comenzado con la conferencia Deporte y Espiritualidad: "Colaboración, pertenencia y comunidad", impartida por el jesuita Javier Bailén.

La presentación planteó que el deporte es un espacio formativo de enorme potencia dentro de una universidad jesuita. No se limita a su dimensión física, competitiva o recreativa, sino que puede convertirse en un lugar privilegiado donde los estudiantes descubren quiénes son, qué les mueve y hacia dónde quieren orientar su vida. Desde esta perspectiva, el deporte responde a preguntas profundas sobre la existencia, la libertad y los talentos personales, y se integra como un ámbito esencial de crecimiento humano y vocacional.

Además, Javier Bailén explicó que el deporte posee una “intensidad existencial” porque confronta a la persona con su propia verdad: el cuerpo no miente, el esfuerzo revela, la derrota cuestiona. Al mismo tiempo, muestra la tentación de reducir la vida al rendimiento, pero también ofrece la oportunidad de aprender que el valor de una persona supera sus resultados. El deporte, por tanto, actúa como un terreno donde se experimentan límites, frustraciones, alegrías, comunidad y resiliencia, y donde se expresa con claridad la interioridad.

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Vinculado a la espiritualidad ignaciana, el deporte se convierte en un espacio donde se interpretan los movimientos interiores y los deseos, siguiendo la experiencia de San Ignacio. La espiritualidad se define como la forma en que una persona vive su interioridad, su orientación profunda y su sentido vital. En el ámbito deportivo, esto se manifiesta en la manera de afrontar el sufrimiento, la presión, los límites personales, la pertenencia al equipo y la identidad más allá del marcador. Experiencias como el “flow”, caracterizado por la concentración absoluta, la ausencia de ego y la alegría interna, se presentan como momentos de auténtica trascendencia.

Otro punto central es la distinción entre bienes internos y bienes externos del deporte. Los externos —dinero, fama, reconocimiento— pueden corromper la experiencia deportiva si se convierten en el centro. Los bienes internos, en cambio —la diversión, la gratuidad, la alegría—, se relacionan directamente con el espíritu del juego, que según Huizinga es más antiguo que la cultura y constituye la esencia del deporte. Sin estos elementos, el deporte pierde su vitalidad.

Por otro lado, también muestra que el deporte desarrolla virtudes como la disciplina, la centralidad de la persona, la comunidad, la inclusión y la universalidad, y valores como el esfuerzo, la valentía, la solidaridad y la búsqueda de sentido. Además, conecta con la tradición educativa de la Compañía de Jesús desde el siglo XVI, donde se integraban juegos y actividades físicas como parte fundamental de la formación integral, siempre con la preocupación de orientar al estudiante hacia un crecimiento equilibrado y comunitario.

La espiritualidad ignaciana aporta cuatro claves aplicables al deporte: el discernimiento, la libertad interior, el magis y el acompañamiento. El discernimiento invita a preguntarse qué mueve realmente al deportista en la competición o qué ocurre interiormente en la victoria o en la derrota. La libertad interior ayuda a que el rendimiento no se convierta en la medida de la identidad personal. El magis plantea la excelencia con sentido, no como acumulación de triunfos sino como contribución al bien común. Y el acompañamiento —a través de la figura del capellán deportivo o de un referente pastoral— permite transformar las crisis personales (lesiones, pérdida de titularidad, conflictos) en procesos de maduración.

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Por último, Javier ofreció recursos concretos para integrar pastoral y deporte en la vida universitaria: el examen ignaciano adaptado a la experiencia deportiva, el cuaderno del deportista para recoger movimientos interiores, la presencia del capellán deportivo, la formación ignaciana para entrenadores, espacios de acompañamiento personal y retiros breves para equipos. Todo ello busca que el deporte sea un ámbito donde los jóvenes no solo compitan, sino que descubran quiénes están llamados a ser.

También, hemos acogido el panel de Testimonios “espiritualidad, vocación y liderazgo”, para tratar de inspirar a los estudiantes a reflexionar sobre las vocaciones personales y profesionales, a través de los testimonios auténticos alumni comprometidos. Estuvo moderado por José María Valverde y junto con 5 alumni, Ekpo Sams, Paula Soler Tomé, Nacho de Quinto, Alberto Fuentes y Germán Muñoz, han respondio a una pregunta concreta: qué es para él o ella la espiritualidad, cómo entiende hoy su vocación, qué decisiones marcaron su camino o qué significa liderar, un testimonio en clave de espiritualidad, decisiones y liderazgo. Después de ello, se ha dividido a los estudiantes asistentes en diferentes grupos de diálogo con cada uno de los ponentes a partir de preguntas en clave ignaciana: dónde me siento más vivo, qué me mueve de verdad, qué decisiones me han configurado, para quién soy bueno, qué miedo me frena, preguntas en clave de discernimiento. 

Por su parte, en Córdoba, hemos tenido el panel ¿Vocación o Profesión?: Cuando lo que haces encaja con lo que eres. Una charla con inspiradores testimonios de José Manuel Quesada Pereda y Sofía Cánovas Pereda, personas que han dado un giro importante en su trayectoria profesional para dejarse llevar por lo vocacional.

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BUSCANDO EL SENTIDO

El proyecto educativo de la Compañía de Jesús, quiere ser un proyecto integral que tenga a la persona en el centro. Eso implica que la experiencia universitaria no sólo sirve para la cualificación profesional de los alumnos, sino que también motiva la búsqueda de horizontes de sentido para su desarrollo personal y comunitario. Conviene además considerar que las Universidades con espiritualidad ignaciana buscan colaborar a la transformación del mundo a través de la docencia, la investigación, la transferencia del conocimiento y del compromiso profesional y social de sus egresados; para ello, es imprescindible cultivar la dimensión vocacional de sus estudiantes y así se reconoce en el actual Proyecto Apostólico del Sector Universitario (PASU): Saber para servir.

Las actividades de este evento están encaminadas a promover la reflexión en los estudiantes sobre sus intereses, habilidades y valores para ayudarles a identificar y comprender mejor sus posibles trayectorias profesionales y personales. Permitirles reflexionar sobre cómo sus talentos y pasiones pueden contribuir al servicio y la sociedad. También ofrecer recursos y profesionales que puedan ofrecer orientación vocacional, asesoramiento profesional y ejemplos de experiencias laborales en diversas áreas. Fomentar el compromiso, la creación de comunidad y, en definitiva, cultivar un ambiente donde los estudiantes puedan reflexionar sobre su propósito, valores y aspiraciones, integrando estos elementos en su formación académica y personal dentro de una universidad comprometida con el desarrollo integral de los estudiantes y del conjunto de la sociedad.

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