La designación CFA abre nuevas oportunidades profesionales en ámbitos como la gestión de inversiones, el análisis financiero, la banca privada o la gestión de riesgos. Antonio Moya, CFA, CAd, socio de Fincheck y gestor de carteras en Karana Capital, analiza cómo esta acreditación internacional contribuye a diferenciar perfiles y ampliar horizontes profesionales.
La obtención de la designación CFA supone un gran esfuerzo de tiempo de estudio y trabajo constantes y de calidad, dedicado a intentar ser mejores profesionales en la industria financiera. Se trata de una inmersión en un precioso y exigente temario (en los tres niveles), que incluye técnicas avanzadas en análisis de inversiones, gestión de carteras y de riesgos entre otros, siempre acompañado del componente ético, elemento básico en esta industria y al que el CFA Insitute le da muchísima importancia.
Como consecuencia de todo lo anterior, los reclutadores y empleadores (que cada vez conocen mejor el temario y los requisitos) valoran ese gran esfuerzo, la constancia y la disciplina que supone superar los tres exámenes para optar a la designación CFA. Superar los tres niveles se asemeja a la ascensión a una montaña, con sus picos y sus valles, a lo que se suman los requisitos de experiencia profesional para obtener la designación.
La designación CFA, es una de las acreditaciones más reconocidas internacionalmente en el ámbito de la inversión, otorgada por CFA Institute, con sede en Estados Unidos y una red de sociedades locales que permiten construir además muchos contactos.
El papel de estas sociedades es fundamental, no solo por el networking —algo de muchísimo valor entre miembros —, sino también por las continuas actividades de formación de calidad que debemos cubrir de forma anual, como compromiso de mantener y mejorar nuestras competencias profesionales.
En cuanto a procesos de selección, la designación CFA ya aparece en muchos casos como una cualificación deseable o como un requisito, especialmente en análisis y gestión de inversiones. Las salidas profesionales no están garantizadas, pero lo que sí hace es poder diferenciar a los candidatos de los que se valora su conocimiento técnico, su tenacidad y consistencia.
El abanico de salidas profesionales es muy amplio: gestores de carteras y fondos, analistas de inversiones o de crédito, gestión de riesgos, banca privada y gestión patrimonial, entre otras. Y algo que considero especialmente importante es que estas oportunidades no se limitan al mercado nacional. El reconocimiento internacional del CFA permite presentar una formación conocida en más de 165 países, facilitando que una candidatura sea valorada más allá de nuestras fronteras.
Para concluir, creo que alcanzar esta cima no significa que el éxito esté asegurado, pero por supuesto que ayuda a diferenciar una candidatura y a ampliar el horizonte profesional, tanto a nivel nacional como internacional.



