Carlos Vázquez Monzón, Universidad Loyola
PLATO es una misión espacial de la Agencia Espacial Europea cuyo objetivo principal es descubrir planetas parecidos a la Tierra fuera del sistema solar. Sobre todo se centra en la búsqueda de mundos rocosos que giran alrededor de estrellas similares al Sol.
A través de estos descubrimientos, la misión quiere responder a una de las grandes preguntas que se ha hecho la humanidad: si nuestro planeta es único o si existen otros mundos con condiciones que permitan la vida tal y como la conocemos.
Para lograrlo, la nave observa el cielo de manera continua durante largos periodos de tiempo. Lo hace mediante un conjunto de cámaras muy sensibles, capaces de vigilar al mismo tiempo una gran región del espacio. Estas cámaras miden con mucha precisión la luz que llega de miles de estrellas. Cuando el brillo de una de ellas disminuye de forma regular, puede ser una señal de que un planeta está pasando por delante.
Cuando un planeta cruza frente a su estrella, se produce una pequeña bajada de luz. Este fenómeno se repite cada vez que el planeta completa una vuelta. Al observar estas caídas de brillo una y otra vez, los científicos pueden confirmar la existencia del planeta y calcular cuánto tarda en recorrer su órbita. Con esta información se puede deducir a qué distancia se encuentra de su estrella.
Estudiar los astros al detalle
La misión no se limita a estudiar planetas. Las estrellas también se analizan con gran detalle. Algunas de ellas presentan pequeñas variaciones internas, comparables a vibraciones suaves. Estudiar estos cambios permite conocer mejor su tamaño, su masa y su edad.
Conocer bien a la estrella es esencial para entender los planetas que la rodean. La edad de la estrella indica cuándo se formó el sistema planetario y ayuda a comprender cómo ha evolucionado con el tiempo. De esta manera, cada planeta puede situarse dentro de una historia más amplia, desde su origen hasta su estado actual.
PLATO puede medir con mucha precisión el tamaño de los planetas que descubre. Si estos datos se combinan con observaciones realizadas desde la Tierra, también se puede estimar su masa. A partir del tamaño y la masa se calcula la densidad, que indica de qué tipo de planeta se trata. Gracias a esto, es posible saber si un planeta es rocoso, como la Tierra, o si está formado principalmente por gases.
Este paso es clave para seleccionar los planetas más interesantes. Los mundos rocosos resultan especialmente atractivos porque podrían tener superficies sólidas. Algunos de ellos, además, podrían encontrarse a la distancia adecuada de su estrella para permitir la presencia de agua líquida, una condición básica para la vida tal y como la conocemos.
Aunque misiones espaciales anteriores han descubierto miles de planetas fuera del sistema solar, en muchos casos no se dispone de información suficiente para saber si se parecen realmente a la Tierra. A menudo faltan datos precisos sobre su tamaño, su masa o la estrella a la que orbitan. La misión PLATO ha sido diseñada para cubrir ese vacío y acercarnos a la identificación de planetas verdaderamente comparables al nuestro.
Prioridad al estudio de estrellas brillantes y cercanas
La misión da prioridad al estudio de estrellas brillantes y cercanas. Estas estrellas permiten observaciones más detalladas desde la Tierra y facilitan el estudio posterior de los planetas descubiertos. De este modo, cada hallazgo tiene un mayor valor científico.
Las observaciones se organizan en campañas que duran varios años, el tiempo necesario para detectar planetas que tardan mucho en completar su órbita, como ocurre con la Tierra. Algunos de estos mundos se encuentran en la llamada zona habitable, donde las condiciones podrían permitir la existencia de agua líquida en la superficie.
La nave se sitúa en una región del espacio muy estable y alejada de la Tierra. Desde allí puede observar el cielo sin interrupciones, lo que mejora la calidad de los datos y reduce los errores. Gracias a esta estabilidad, se pueden detectar señales muy débiles que de otro modo pasarían desapercibidas.
Cartografiar otros planetas para conocer mejor el nuestro
Esta misión trabaja junto a otros proyectos científicos. Sus resultados se combinan con datos obtenidos por telescopios terrestres y por diversas misiones espaciales, lo que permite obtener una visión más completa de cada sistema planetario. Todos los datos recogidos estarán disponibles de forma abierta. Investigadores, docentes y estudiantes podrán utilizarlos libremente, lo que favorecerá nuevos estudios y el uso de datos reales en el aula.
Se espera que la misión descubra cientos, o incluso miles, de planetas pequeños. Con una muestra tan amplia, será posible comparar muchos sistemas diferentes y estudiar cómo influyen factores como la edad de la estrella o el tamaño del planeta. Así se avanzará en la comprensión de cómo se forman y evolucionan los sistemas planetarios.
Más allá del ámbito científico, esta misión también tiene un importante valor educativo y social. Sus datos pueden utilizarse en el aula para acercar la ciencia al alumnado y mostrar cómo funciona la investigación real. PLATO no solo ampliará nuestro conocimiento sobre otros mundos, sino que también nos ayudará a comprender mejor nuestro propio planeta y nuestro lugar en el universo.![]()
Carlos Vázquez Monzón, Profesor Ayudante Doctor, especializado en Astrofísica y Astrodinámica, Universidad Loyola
Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.
Para citar este artículo, utilice su DOI: https://doi.org/10.64628/AAO.hv4kyrnkc



