La investigadora de Universidad Loyola Shirley Jeannet Arias Rivera ha impulsado el encuentro junto con la Asociación para el Estudio y Apoyo a las Familias (ESAFAM) y la Sociedad Española para el Estudio de la Violencia Filio-Parental (SEVIFIP).
La Universidad Loyola ha reunido en su Campus de Sevilla a especialistas en violencia filio-parental para analizar cómo prevenir, detectar y abordar las situaciones en las que hijos e hijas ejercen violencia contra sus figuras parentales. La jornada profesional «Actuar a tiempo: prevención e intervención en VFP» ha conectado los resultados de la investigación con la experiencia de quienes trabajan directamente con adolescentes y familias.
El encuentro, organizado por Universidad Loyola, la Asociación para el Estudio y Apoyo a las Familias (ESAFAM) y la Sociedad Española para el Estudio de la Violencia Filio-Parental (SEVIFIP), ha sido inaugurado por el decano de la Facultad de Psicología, Luis Morales Márquez e impulsado desde Loyola por la profesora e investigadora Shirley Jeannet Arias Rivera, cuya investigación aborda los sistemas familiares en situación de riesgo y la violencia intrafamiliar.

La jornada ha partido de una premisa compartida por las distintas disciplinas representadas: abordar la violencia filio-parental exige comprender sus causas y manifestaciones, pero también reforzar la prevención y mejorar la coordinación entre los ámbitos psicológico, educativo, social, de protección a la infancia y adolescencia y de justicia.
El reto pendiente de prevenir
La profesora de la Universidad de Sevilla Bárbara Lorence Lara ha ofeecido la conferencia inaugural con los resultados del Informe de Expertos sobre Violencia Filio-Parental, desarrollado en el marco de un proyecto nacional de investigación durante cerca de cuatro años.
El estudio recogió inicialmente la experiencia de 20 profesionales de entidades públicas y privadas y buscó consensuar buenas prácticas en tres niveles: prevención universal, dirigida a la población general antes de que aparezcan los primeros indicadores; prevención selectiva, cuando empiezan a surgir dificultades de convivencia o conductas violentas esporádicas; y prevención indicada, cuando la violencia ya está consolidada.

El equipo analizó además los programas existentes en España. Identificó 31 y pudo obtener información de 29 que se encontraban activos. Los resultados señalan una de las principales carencias: solo el 20 % incluía actuaciones de prevención universal y ninguno se dedicaba exclusivamente a este nivel.
La investigación apunta también algunos elementos comunes para mejorar las intervenciones: partir de un enfoque ecológico y sistémico, apoyarse en evidencia científica, fortalecer las competencias de las familias y adolescentes, trabajar en red y evaluar la eficacia de los programas. La alianza entre profesionales y adolescentes aparece asimismo como uno de los componentes relevantes de las intervenciones.
Una respuesta que necesita distintas miradas
El primer bloque de la jornada trasladó estas conclusiones a la práctica profesional. Helena Cortina, de la Universidad de La Laguna, puso el foco en la prevención universal y defendió la necesidad de entender la violencia filio-parental como un problema social, y no exclusivamente individual o circunscrito a las relaciones dentro de una familia.
A esta perspectiva se sumaron las experiencias de Joseba Corral Moreno, agente tutor de la Policía Local de Nules y secretario de SEVIFIP; Irene Gallego, directora territorial de Fundación Amigó; y Emilio González, de Fundación Diagrama. Las intervenciones permitieron recorrer distintos momentos de la prevención, desde la sensibilización y detección temprana hasta situaciones en las que la violencia ya requiere una intervención especializada.
El trabajo conjunto con la familia ocupa un lugar destacado en los programas existentes. De los 29 analizados en el estudio presentado por Lorence, el 93 % trabaja tanto con las figuras parentales como con los chicos y chicas. Sin embargo, solo el 44 % amplía la intervención a hermanos, hermanas u otros miembros de la familia extensa.
Qué sabemos y qué queda por conocer
La investigación ha protagonizado el segundo bloque de la jornada, con las aportaciones de Miriam Junco, de la Universidad de Málaga; Alfredo Abadías, profesor de Derecho Penal de la Universidad Internacional de La Rioja y vocal de Justicia, Innovación y Desarrollo de SEVIFIP; Javier Pérez-Padilla, de la Universidad de Jaén; y Rocío Lago-Urbano, de la Universidad de Huelva.

Las intervenciones han mostrado la complejidad de un fenómeno en el que intervienen factores individuales, familiares y sociales. Junco incidió en que la violencia filio-parental va más allá de una conducta agresiva puntual: cuando las agresiones se mantienen y el miedo comienza a instalarse en la relación familiar, resulta necesario analizar los mecanismos que explican esa escalada.
Desde la perspectiva jurídica, Abadías señaló las diferencias existentes entre comunidades autónomas en los recursos disponibles para atender estos casos y planteó la conveniencia de avanzar hacia criterios científicos compartidos que permitan evaluar qué intervenciones funcionan y favorecer una mayor homogeneidad territorial. Una idea atravesó también su intervención: las familias que llegan al sistema no buscan únicamente una respuesta sancionadora, sino ayuda para sus hijos e hijas y para el conjunto familiar.
La jornada llevó posteriormente este conocimiento a tres talleres prácticos sobre intervención con adolescentes, familias y comunidad, impartidos respectivamente por Jesús Maya, Falo García, de Espacio Ariadna, y Diego Díaz, agente tutor de la Policía Local de Sevilla.

Fortalecer a las familias para prevenir
La catedrática de la Universidad de Sevilla y presidenta de ESAFAM Victoria Hidalgo cerró el encuentro situando las competencias parentales en el centro de la prevención.
Entre las dificultades detectadas en familias atendidas por servicios de preservación familiar aparecen la corresponsabilidad, la estructuración de hábitos, rutinas y límites, la autorregulación emocional, la supervisión y el tiempo compartido en familia. Hidalgo destacó que fortalecer estas competencias resulta relevante para favorecer un clima y un funcionamiento familiar que reduzcan el riesgo de escaladas de conflictividad.
La evidencia presentada durante la jornada apunta en esa misma dirección: el 82 % de los programas analizados incorpora explícitamente la promoción de competencias parentales y el 96 % trabaja competencias socioafectivas con chicos y chicas.
El encuentro ha puesto así sobre la mesa un reto que trasciende a una única disciplina: actuar antes de que la violencia se consolide. Para ello, la investigación y la práctica profesional necesitan avanzar de forma coordinada, evaluar las intervenciones y trasladar el conocimiento científico a quienes trabajan cada día con adolescentes y familias.



