Julia García Castro es una granadina que estudia ADE Bilingüe y Relaciones Internacionales en la Universidad Loyola.
Ha realizado una estancia internacional en Bruselas, concretamente en la ICHEC Brussels Management School y ahora nos cuenta su experiencia formativa y educativa que ha transformado su futuro profesional.
PREGUNTA (P): ¿Qué te llevó a elegir ese destino? ¿Cómo recuerdas tus primeros días en la universidad de acogida?
RESPUESTA (R): Mis motivaciones principales fueron estar en el corazón de la Unión Europea y poder moverme en un ambiente en el que se hablara inglés y francés. Mis primeros días en la universidad fueron frenéticos. Días de muchas presentaciones, de "My name is Julia, I come from Spain, I am here because...". También de algún que otro agobio con el Learning Agreement (el calvario de cualquier estudiante Erasmus+, aunque luego todo se acaba resolviendo) y de muchos planes por la ciudad y escapadas a ciudades como Brujas o Gante.
(P): ¿Qué ha sido lo más enriquecedor de esta experiencia, tanto a nivel académico como personal?
(R): A nivel académico, he salido de mi zona de confort. He dicho que sí a todas las oportunidades que se han presentado: hackatones, ferias de empleos, charlas dentro de la Unión Europea, ... Me aportó muchísimo trabajar como voluntaria en la Belgian Impact Week, pues descubrí un mundo antes desconocido para mí: el de las finanzas de impacto. Gracias a esta oportunidad estoy haciendo prácticas este verano en la empresa organizadora de dicho evento, Impact Finance Belgium. ¡Estoy muy contenta!
Por otro lado, a nivel personal diría la independencia que he adquirido durante estos diez meses. Aprender a vivir sola, cocinarte todos los días (con algún que otro plato quemado) o gestionar trámites en un país extranjero. Creo que todo ello te hace crecer como persona. Aunque si me tengo que llevar algo verdaderamente enriquecedor me quedaría con los viajes. Explorar Bélgica por completo, visitar Países Bajos, ir de excursión a Milán en una asignatura... Son experiencias de un valor incalculable.

(P): ¿Qué diferencias encontraste entre el sistema universitario de tu destino y el de Loyola?
(R): Son muy parecidos en lo que a impartición de clases se refiere, si bien aquí las ratios por clase pueden ser de hasta trescientos alumnos. El sistema de tutorías era menos frecuente, los exámenes finales tenían un peso superior al 70% en la mayoría de las asignaturas y estas se daban una vez a la semana, con una duración de entre tres y cuatro horas, lo que a veces las hacía demasiado largas. No obstante, también saco muchos puntos positivos que se podrían exportar: la celebración de ferias de empleo, la existencia de una consultora dirigida por estudiantes (ICHEC Junior Consult) o la celebración del hackatón Brussels Management Challenge.
(P): ¿Hay alguna experiencia, anécdota o momento que recuerdes con especial cariño?
(R): ¡Demasiadas! No podría elegir una, siento que en estos diez meses he vivido una vida entera. Podría citar cuando acudí a la Conferencia sobre Ciudades y Regiones de la Unión Europea, escuchando a ponentes de primer nivel como primeros ministros o europarlamentarios. También cuando pagué quince euros por un vuelo a Varsovia y al comprarlo nos enteramos de que iba a hacer veinte grados bajo cero (luego fue muy divertido), o cuando paseé por los canales de Ámsterdam en la fiesta del rey. Me dejo muchos en el tintero, pero esos fueron sin duda momentos especiales.

(P): ¿Cómo te ayudó tu formación en Loyola a afrontar esta experiencia internacional?
(R): Venía con una buena formación de base. Particularmente en el mundo de las finanzas muchos de los conceptos ya los había visto en otras asignaturas con Loyola, facilitándome mucho el estudio aquí. Además, el hecho de cursar ADE bilingüe hizo que las clases en inglés no se me hicieran cuesta arriba: estaba ya acostumbrada al ritmo en Sevilla y las pude seguir con facilidad.
(P): ¿Qué habilidades o competencias consideras que has desarrollado durante tu estancia Erasmus?
(R): Autonomía, curiosidad y organización para poder explotar al máximo las experiencias personales y académicas. Siento que ninguna de ellas las he descubierto aquí, pero sí que las he podido potenciar muchísimo más.
(P): ¿De qué manera crees que esta experiencia va a influir en tu futuro profesional y personal?
(R): ¡Para mí ha sido un antes y un después! Necesitaba saber cómo era vivir en un país extranjero, en un ambiente tan multicultural como el de Bélgica y comunicarme en inglés y francés. Todo ello lo he podido experimentar con creces. Y lo he disfrutado muchísimo. Me ha abierto mucho los ojos sobre trabajos que yo antes no sabían ni que existían, he conocido a personas muy diferentes a mí que han sido auténticas fuentes de inspiración y también he podido valorar muchas de las cosas que tenemos en España.
(P): ¿Qué le dirías a un estudiante de Loyola que está pensando en solicitar una beca Erasmus?
(R): ¡Que la solicite! Es una experiencia que le va a marcar. No quiero romantizar todo: los comienzos son un poco duros, tienes que aprender dónde encajar, hacerte a una nueva ciudad, vivir ciertos momentos de soledad... Pero con un poco de tiempo y actitud todo encaja: haces amigos, viajas y coges la rutina de la nueva uni. Este tipo de ambiente solo se vive en esta época universitaria. Es cierto que después puedes trabajar o estudiar fuera, pero el formato de vivir seis meses/un año con personas de tu edad con esa incansable energía creo que no se repite de la misma manera.
(P): Si tuvieras que resumir tu experiencia Erasmus en una sola frase, ¿cuál sería?
(R): Mi Erasmus+ en Bruselas se resume como los meses de los mil planes, de buenos amigos, colección de postales de ciudades europeas y aprendizajes que traspasan las aulas.




