El alumni de Loyola, Vicente Ramírez, hoy Senior Consultant en Talent & Organization, comparte cómo su paso por la universidad marcó su desarrollo profesional. En esta entrevista reflexiona sobre la importancia de la formación continua, el valor de las competencias humanas y el papel diferencial de Loyola en su trayectoria.
La experiencia universitaria puede definir el rumbo de una carrera profesional y, para Vicente Ramírez, antiguo alumno de Loyola del grado en Administración y Dirección de Empresas, esa etapa fue decisiva. Actualmente Senior Consultant en una reconocida firma internacional, Vicente destaca cómo los valores, la cercanía y la visión práctica de Loyola le ayudaron a prepararse para un entorno laboral cambiante y altamente tecnológico. En esta conversación, comparte aprendizajes y consejos para quienes hoy comienzan su camino académico.
Pregunta: ¿Cómo recuerdas tu etapa en esta universidad?
Respuesta: Muy bonita. Creo que es de las mejores, si no la mejor, experiencia de mi vida. Loyola tiene valores muy claros y una conexión muy especial entre alumnos y profesores. Para mí es un orgullo pertenecer a esta familia.
(P): ¿Qué importancia le das a la formación en un mundo que cambia tan deprisa?
(R): Es clave. Con la revolución de la inteligencia artificial, una de las habilidades fundamentales será la adaptación al cambio y la formación continua. No dejamos de formarnos al terminar la universidad; al contrario, tendremos que aprender cosas nuevas cada día.
“La adaptación al cambio y la formación continua serán esenciales en los próximos años.”
(P): ¿Qué valor diferencial crees que te aportó Loyola frente a otras universidades?
(R): A nivel técnico, la conexión real con el mercado laboral y sus programas de emprendimiento. Sentía que tenía acceso a oportunidades que en otras universidades no existían. Y, además, la cercanía con los profesores es un valor muy marcado y que recuerdo con mucho cariño.
(P): ¿Qué aconsejarías a un estudiante que empieza ahora su carrera universitaria?
(R): Que se prepare para seguir estudiando siempre y que no tenga miedo a los cambios. Es muy probable que acabe trabajando en algo que no imaginaba cuando empezó la carrera, y eso es totalmente normal en el mundo al que vamos.
P): ¿Qué te anima a seguir vinculado a Loyola y a compartir tu experiencia con nuevos estudiantes?
(R): Sobre todo, devolver el favor que la Universidad me hizo a mí. Me gusta aportar esa dosis de realismo sobre cómo funcionan las empresas hoy y qué buscan realmente en el talento más joven.

(P): En consultoría cada proyecto es diferente. ¿Qué te atrajo de este ámbito y cómo te preparó Loyola para ello?
(R): Por mi personalidad, disfruto de la adaptación constante. Me encanta cambiar de proyecto, tocar temas distintos y evitar rutinas. La consultoría es apasionante y fresca; además, es donde se cocina lo último a nivel tecnológico y estratégico. Loyola, con sus valores y su enfoque hacia el emprendimiento, me acercó mucho al profesional que quería ser.
(P): En tu ámbito, las personas y la cultura son clave. ¿Qué importancia tienen la empatía y la formación humanística?
(R): En un mundo cada vez más digital y artificial, habilidades como la empatía son las que nos diferencian. Son fundamentales y recomendaría a los alumnos de último curso trabajarlas mucho para entrar al mercado laboral con ventaja.
“En un mundo cada vez más artificial, la empatía será lo que realmente nos diferencie.”
(P): ¿Qué buscan hoy las empresas en los jóvenes?
(R): Además del conocimiento tecnológico, que es imprescindible en cualquier carrera, buscan habilidades humanas muy sólidas: empatía, comunicación efectiva y capacidad para construir vínculos.
(P): ¿Qué te ha sorprendido más del paso de estudiante a asesor de grandes compañías?
(R): Que lo que tenía idealizado como mi futuro profesional no se correspondía con la realidad. El mercado es muy dinámico y la tecnología lo transforma todo. Tuve que adaptarme y entender que eso no es malo: simplemente forma parte del entorno en el que trabajamos.
La experiencia de Vicente confirma el valor de una formación sólida y cercana. Su mirada profesional ofrece a los futuros estudiantes una referencia real de lo que significa crecer desde Loyola.



