La profesora Emma Camarero imparte una formación práctica en Caaguazú y Misiones (Paraguay) para mejorar la promoción de productos y reforzar la autonomía de quienes los producen. A través de tres talleres se ha acercado la creación digital a productoras agroecológicas y estudiantes de agricultura para contar el valor de su trabajo a través del teléfono móvil.
En una de las fotografías del taller, varias mujeres apuntan sus móviles hacia una cesta de productos. Hay un aro de luz y distintas manos buscando el encuadre. Es una escena de aprendizaje que resume bien el propósito de estas jornadas: partir de lo que las participantes conocen y producen para aprender a mostrarlo con herramientas que pueden tener a su alcance.
Detrás de esa fotografía hay mucho más que una práctica de imagen. Hay trabajo que merece ser contado y mujeres que han tenido pocas oportunidades de aprender a comunicarlo en un entorno digital. Un celular puede servir para conversar con la familia, pero también para preparar un cartel, presentar una cosecha o responder a alguien que pregunta dónde comprar un producto que hemos cosechado. Descubrir esas posibilidades cambia la relación con la herramienta y con lo que una misma se siente capaz de hacer.
Ese ha sido el hilo conductor de los tres talleres impartidos en octubre de 2026 en Paraguay por Emma Camarero, profesora de la Facultad de Comunicación y Artes de la Universidad Loyola. Dos de estas formaciones estaban destinadas a productoras agroecológicas de Caaguazú y Misiones; la tercera, a estudiantes de la Escuela Agrícola CEASIL, también en Misiones. Todos se desarrollaron dentro del proyecto Innovación Verde, que vincula las soluciones digitales con la mejora de los sistemas de producción agroecológicos.
“El objetivo de estos talleres es que descubran que pueden hacerlo, que el móvil que ya tienen entre las manos puede ayudarles a enseñar su trabajo y a vender sus productos. Cuando descubren que es mucho más fácil de lo que pensaban y comienzan a hacer fotos de calidad y crear contenido para la venta, aumenta la confianza que tienen en ellas mismas. A partir del momento en que se sienten empoderadas, ya no hay quien las pare", indica la profesora Emma Camarero.
Empezar por lo que ellas ya saben
Las productoras conocen sus cultivos, los tiempos de la tierra y el esfuerzo que exige sacar adelante la producción. El punto de partida de la formación es ese conocimiento. Aprender a comunicar permite darle una expresión nueva: explicar de dónde viene un producto, qué lo diferencia o cómo se elabora. La experiencia acumulada en el campo se convierte así en materia para una fotografía, un texto o un vídeo breve.

Explicando durante el taller en Caaguazú cómo crear contenido con Canva en el celular.Foto: Emma Camarero
El taller para mujeres productoras Del campo a las redes: aprende a crear contenidos con tu celular para promocionar y vender tus productos agroecológicos, se dirigía a 65 productoras paraguayas: 31 de San José de los Arroyos y Coronel Oviedo, y 34 de Misiones, en Santa Rosa. Coordinados por la Fundación ETEA-Instituto de Desarrollo de la Universidad Loyola y Alter Vida, cada taller dispuso de dos jornadas y 14 horas de formación presencial. Los encuentros llegaron después de una nivelación digital previa, una base para poder avanzar hacia aplicaciones concretas.
La grabación con el móvil permite mostrar también piezas elaboradas y detalles de su presentación. Y sirve para que las productoras se den a conocer a sus clientes. Foto: Emma Camarero
Las prácticas conectaron con necesidades reconocibles para cualquier pequeño emprendimiento agrícola: conseguir que una imagen se vea bien, encontrar las palabras para presentar un producto y facilitar que una persona interesada pueda preguntar o hacer un pedido. El uso de estados, grupos y canales de WhatsApp acercó la comunicación comercial a una herramienta cotidiana. Canva y la inteligencia artificial ampliaron los recursos para pensar ideas y diseñar materiales.
«Gracias a las TIC se puede llegar a muchas más personas y hacer que el producto que cosechamos se pueda vender y que llegue el dinero a las familias”, indica María Ángeles Acuña, productora de Caaguazú.
En ese proceso, acompañar importa tanto como explicar. La presencia de técnicos de las asociaciones beneficiarias ofrece una base para seguir apoyando a las productoras cuando aparece una duda fuera del aula. El aprendizaje necesita encontrar un lugar en la rutina real de cada iniciativa.
De una explicación a algo que se puede compartir
Un cartel de una feria agroecológica y una imagen de identidad con el nombre Finca La Familia ayudan a entender lo que estas herramientas permiten crear. Son piezas distintas que permiten ver dos posibilidades de la creación digital: ofrecer información práctica sobre un punto de venta y dar una imagen reconocible a una iniciativa. El producto encuentra una forma de presentarse ante otras personas. Para comunicar, estas decisiones tienen consecuencias muy concretas: ayudan a reconocer una propuesta y a entender qué ofrece. Aprender a tomarlas da más control sobre la propia presencia en las redes.
La formación planteó que cada productora elaborase al menos un contenido digital para promocionar sus productos, utilizable en la aplicación de ventas AgroArandú, WhatsApp u otros canales. Más allá de una creación concreta, la capacidad que se quiere consolidar es la de repetir el proceso: adaptar un mensaje, cambiar una fotografía o preparar una publicación para una nueva venta. Acercar herramientas, practicar con ellas y relacionarlas con la actividad productiva.

Ejemplos de materiales creados por las participantes en los talleres: un cartel de feria agroecológica y una imagen de identidad de marca para Finca La Familia.
“Nosotras como mujeres rurales antes manejábamos poquísimo la tecnología. Pero ahora, con esta capacitación vamos a poder vender nuestros productos a través de las redes. Vamos a aprovechar al máximo lo que aprendimos , todas las que hemos participado nos vamos contentísimas”, afirma Miguela Torres, productora en Santa Rosa.
Ahí se sitúa una parte importante del empoderamiento del que habla la profesora Camarero. Poder crear un mensaje propio amplía el margen para decidir cómo se presenta el trabajo. No hace falta dominar todas las aplicaciones para empezar a ganar autonomía: comprender una función y utilizarla con sentido ya permite asumir una tarea que antes parecía fuera del propio alcance. El objetivo es mejorar las posibilidades de promoción y venta. Comprobar su efecto en los ingresos requerirá observar qué ocurre después, con tiempo y seguimiento.
La juventud agraria también tiene una historia que contar
El último encuentro cambió de punto de partida. El viernes 9 de octubre, en la Escuela Agrícola CEASIL, en Misiones, la propuesta se dirigió a 19 estudiantes de tercer año, junto con técnicos y docentes vinculados al sector. Los jóvenes ya tenían una relación con las redes sociales; la formación les propuso emplearla para dar forma y visibilidad a una iniciativa agraria.
En cinco horas de trabajo, el taller Cultiva tu marca del campo al feed abordó cómo pasar de una idea a un proyecto con nombre, público y estilo propio. Se trabajaron los elementos básicos de identidad, el diseño en Canva y las posibilidades de la inteligencia artificial para generar propuestas que después hay que revisar y adaptar. También se trataron los vídeos breves para TikTok y Reels, desde la idea y el gancho inicial hasta el mensaje final.

La estancia en Paraguay también sirvió para recoger información audiovisual sobre los avances del proyecto Innovación Verde. Foto: Emma Camarero
El kit de marca previsto en el programa reunía nombre, descripción, eslogan, propósito, valores, público y elementos visuales. Junto con una publicación y una propuesta de vídeo, permitía trabajar una cuestión de fondo: qué se quiere comunicar y a quién. La familiaridad con una plataforma se convierte en un recurso más útil cuando está al servicio de una idea concreta.
Los tres talleres compartieron esa orientación práctica, aunque sus públicos necesitaran recorridos distintos. Para las productoras, el avance se relacionaba con descubrir usos del celular aplicables a su trabajo. Para los estudiantes, con organizar los recursos digitales alrededor de un proyecto agrario y construir una comunicación coherente.
“Enseñar una aplicación o una herramienta digital tiene sentido cuando la persona puede relacionarla con su vida. Con las productoras y con los jóvenes, esa relación con lo que hacen y con lo que quieren conseguir es el centro de la formación. Por eso siempre buscamos que aprendan desde lo práctico y con sus propios productos y proyectos. A estas formaciones les dedico mucho esfuerzo y mucha vida. Quiero que se lleven algo que puedan usar, pero también la confianza de pensar que pueden seguir aprendiendo2, explica Emma Camarero.
Lo que empieza cuando termina el taller
Las fotografías de los certificados guardan el recuerdo de un cierre compartido. También muestran a quienes han dedicado tiempo a aprender en medio de otras responsabilidades. Para Camarero, el valor de estas experiencias está unido al esfuerzo de preparar una formación que les resulte útil y al compromiso personal con las personas a las que va dirigida.

Participantes de Santa Rosa con sus certificados de participación. Foto: Emma Camarero
La confianza no sustituye al acceso a internet ni resuelve por sí sola las dificultades de comercialización. Sí puede ayudar a dar un paso: intentar una publicación, pedir una explicación cuando algo no sale o compartir un contenido con otras compañeras. La formación tiene más posibilidades de continuar cuando esas prácticas encuentran apoyo en el entorno.

Entrega de certificados en San José de los Arroyos, Caaguazú. Foto: Emma Camarero
El proyecto Innovación Verde, financiado por la AECID, la Agencia Española para la Cooperación y el Desarrollo, sitúa estas acciones en el ámbito de la productividad y la competitividad de los sistemas agroecológicos en Paraguay. Su dimensión humana se encuentra en las personas que pueden incorporar los recursos a su vida cotidiana. Después de las jornadas, el recorrido sigue en cada producto que se fotografía y en cada mensaje que una productora se anima a escribir para contar lo que hace.

Entrega de diplomas a los jóvenes estudiantes de la Escuela Agraria CEASIL.San Ignacio Guazú, Paraguay. Foto: Emma Camarero
Con el apoyo a estos proyectos de la Universidad Loyola y la Fundación ETEA, la formación abre caminos de futuro y da razones para la esperanza: cada mujer que descubre de lo que es capaz gana autonomía para transformar su vida y contribuir a la de su familia y su comunidad.




