“El Diploma te aporta el nivel de confianza necesario para trabajar en cualquier ámbito del Compliance”  

Virginia Carrera es compliance officer en una empresa del sector de la automoción. Tras cursar el Diploma de Especialización en Compliance en Loyola Másteres, Escuela de Posgrado de la Universidad Loyola, ha puesto en marcha junto a Paula Molina, compañera del curso, una consultoría de cumplimiento normativo enfocada a la implantación de modelos prevención de delitos.

Del Diploma de Especialización en Compliance señala la preparación teórico-práctica y el claustro de profesores, formado por referentes del Compliance de ámbito nacional e internacional. “Destaco la dedicación, profesionalidad e implicación de su director, Rafael Aguilera, antes, durante y tras la finalización del curso”.  

Tras la pandemia de la COVID-19, el Diploma permite a los alumnos combinar la modalidad presencial con la digital, con el objetivo de facilitar la asistencia a quienes deseen realizar el curso mientras trabajan.

“Poder asistir a las clases de manera presencial y online indistintamente y sin perder calidad, fue otro aspecto fundamental para mí”.

Emprender en el sector del Compliance

Durante su estancia en el Diploma, Virginia y Paula decidieron poner en marcha un proyecto de emprendimiento relacionado con el sector del cumplimiento normativo. “Formamos el tándem perfecto, ambas especializadas en Compliance. Ella con un perfil legal, yo un perfil empresarial, y las dos con la misma meta”, exclama Virginia.

Compliance Keepers es una consultoría multidisciplinar, que se presenta como instrumento de prevención de delitos, para mejorar los procesos de toma de decisiones y, por tanto, la eficiencia de las empresas. Las emprendedoras apuestan por la digitalización y las nuevas tecnologías porque “es una oportunidad para la integración del modelo de prevención de delitos en la actividad de las organizaciones”.

Compliance officer, una figura profesional en auge

El compliance officer es el órgano unipersonal encargado de la supervisión del funcionamiento y del cumplimiento del modelo de prevención implantado en una empresa. Aunque las funciones dependen del tipo de compañía en el que esté desarrollando su labor profesional, debe velar por el correcto funcionamiento de la organización.

“El principal reto que debe conseguir es que sea percibido como una oportunidad, en vez de como una nueva carga de trabajo o una amenaza de vigilancia constante”.

Contar con un profesional en este ámbito supone una mejora en la eficiencia de los procesos y, por tanto, una reducción de costes, un instrumento para la toma de decisiones en todos los niveles de la compañía, prevención del fraude interno, mejora de los sistemas de información y comunicación y un aseguramiento del desarrollo de la actividad acorde con la cultura de la organización.

El compliance officer se vale de herramientas como la formación y concienciación, fundamentales para prevenir cualquier tipo delictivo dentro de la organización. “En el entorno empresarial tenemos que concienciar que, lo que coloquialmente denominamos “favores entre amigos”, puede ser un posible delito de corrupción”, analiza.

Para Virginia es necesario que la figura del compliance officer vaya más allá del ámbito de implementación de modelos prevención en las empresas y extienda su figura a instituciones como colegios, universidades, confederaciones y asociaciones de empresarios o cámaras de comercio. El objetivo es que el Compliance deje de verse como deber de cumplimiento legal y pase a convertirse en parte de la gestión empresarial.

“Aunque aún queda trabajo hasta que los compliance officers seamos capaces de mostrar nuestro inmenso potencial al empresario, en un futuro no muy lejano, el Compliance estará integrado en la gestión de cualquier compañía”, finaliza Virginia.

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