Pablo Brañas-Garza, Universidad Loyola

La capacidad de posponer la gratificación, lo que comúnmente llamamos paciencia, está presente desde la infancia y mejora con la edad, aunque experimenta cambios relevantes durante la adolescencia. Gracias a la maduración y sofisticación de los mecanismos de toma de decisiones y planificación, los adolescentes comienzan a ser capaces de soportar esperas más largas, es decir, posponer la gratificación inmediata a cambio de un beneficio mayor en el futuro.

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